Etimologiadelyo

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martes, 29 de enero de 2019

Que no te engañen o la uberizacion que viene

  Que no te engañen: esto no va de lo que te están diciendo. Esto no es modernidad contra progreso, ni el monopolio está en el lado que te están haciendo creer que está. Esto no es una pelea de malvados taxistas contra ciudadanos a los que queremos secuestrar su derecho a elegir. Esto no va de eso.
  Esto va de justicia, y quizás de la forma más ignorada hoy en día de todas: justicia social. Porque  lo que está pasando y estamos intentando defender los taxistas dentro de poco te llegará a ti. Y no lo digo yo, lo dice Uber, que ya ha anunciado su intención de ampliarse a otros sectores, como la atención sanitaria, el asesoramiento legal o el sector de los transportes de mercancia. Y no, eso no es bueno.
  Atento, que te cuento una historia, una historia que quizás nadie te ha explicado antes y que puede que algún día te toque a ti.
  Érase una vez en un remoto lugar llamado San Francisco que un grupo de iluminados decidieron que uno de los sectores más rentables para sacar beneficio era el transporte de pasajeros. Pero los taxis ya estaban allí con tarifas reguladas y controladas por los ayuntamientos. ¿Cómo saltarse está regulación? La clave estaba en la tecnología y el marketing. La legislación siempre va por detrás de los avances tecnológicos y no estaba preparada para que a golpe de smartphone pudieras solicitar un vehículo que te transportara. Y eso no es malo: los taxis también tenemos Apps. Lo malo es cuando quieres hacerlo con conductores no profesionales, no dados de alta en la seguridad social y sin garantías para el viajero.
  En España intentaron hacerlo así (Uberpop) pero se encontraron con un problema y es la regulación que existe para el transporte de pasajeros, una regulación que no existe para fastidiar al cliente sino precisamente para protegerle. Porque esa regulación nos indica a los taxis que días tenemos que descansar, cosa importante si quieres transportar personas con seguridad, que tipo de seguro tiene que tener el coche para que te lo cubra todo en caso de accidente, que tipo de coche tenemos que tener, y qué impuestos tenemos que pagar para contribuir al Estado del Bienestar. El primer intento de Uber por entrar en España usando a conductores particulares fue rechazado.
  Pero estas empresas llevaban tiempo buscando su camino. Uber y Cabify, esta última de origen español, aunque como su homologa tribute fuera de nuestras fronteraa sus beneficios, decidieron trabajar con conductores profesionales. La forma de hacer esto era a través de las autorizaciones VTC, una forma jurídica de transporte de pasajeros con la que los taxis llevamos conviviendo toda la vida sin ningún problema porque básicamente era el coche de lujo, el coche de alta gama que utilizaba una estrella de cine y que se contrataba por días o para viajes largos; éramos sectores diferentes y nunca habíamos tenido problemas.
  Determinados empresarios españoles comenzaron a solicitar autorizaciones VTC y sorprendente mente, coincidiendo en el tiempo con una liberalización del transporte dónde se aplicó erróneamente una doctrina de la Unión Europea. Esta liberalizacion encubierta, que se llamó Ley Ómnibus, no fue solventada hasta el año 2015. Y cuando se solucionó, la famosa proporción que establece que la mejor manera de facilitar la competencia libre y a la vez asegurar la supervivencia de un sector público como el taxi (ratificada por el Tribunal Supremo) qué es lo que llamamos el 1/30 (una VTC por cada 30 taxis) a efectos prácticos no tenía solución ninguna. Como todas esas autorizaciones se solicitaron en un interdicto en el que no había legislación clara aplicable ahora van saliendo todas por sentencia judicial.
  ¿Y quién es propietario de esas autorizaciones? ¿Autónomos que trabajan cada uno con su coche como en el taxi? No, casi el 90% de las autorizaciones VTC en España están ahora mismo en manos de una veintena de empresarios que aglutinan cada uno miles de autorizaciones y trabajan para Uber y Cabify. ¿A que parece demasiado casual como para serlo? ¿Y si te digo que en la lista de esos empresarios hay famosos, antiguos políticos que ahora son consejeros delegados de estas empresas y hasta antiguos dirigentes del taxi no empiezas a sospechar que todo esto se estaba preparando desde hace tiempo?
  Sí, se estaba preparando desde hace mucho tiempo y el objetivo de todo esto no es sino quedarse con el sector del transporte de pasajeros, y aunque las descomunales campañas de marketing financiadas por estas empresas, gracias al dinero que se ahorran en no pagar impuestos en nuestro país, porque el precio realmente no es más barato que el de un taxi, intentan convencerte de que en el futuro cabemos todos, en realidad no es así. En el futuro caben ellos una vez nos hayan eliminado a nosotros. Cuando hablan de movilidad sostenible no mencionan que la mayor parte de sus coches son diesel y que la flota actual del taxi en España es la que más cantidad de coches híbridos tiene. Cuando hablan de dar trabajo a mucha gente no mencionan que la rotación de sus trabajadores es rapidísima debido a las condiciones laborales de semiesclavitud en las que tienen que trabajar. Te están vendiendo qué pedir un Uber a través del móvil es más moderno y cool que un taxi de toda la vida pero en realidad es todo lo contrario:  lo que están intentando es que desaparezca un servicio público regulado y solo quede una iniciativa privada que sube sus precios cada vez que hay alta demanda y se lleva la riqueza de nuestro país al extranjero.
  Y tú dirás ¿y a mi que me importa todo esto si yo tengo derecho a elegir? ¡Lo que tenéis que hacer es competir que sois un monopolio! Pues es cierto pero solo la primera parte. Tienes derecho a elegir, pero una elección responsable implica que conozcas toda la verdad y no lo que a golpe de anuncios y Twitter te quieran convencer. Por supuesto que tenemos que competir, y llevamos toda la vida haciéndolo, con todas las modalidades de transporte público y privado que existen, incluso con la VTC tradicional con la que nunca habíamos tenido ningún problema.
  Pero no se nos puede pedir que un sector regulado, controlado, y con normativas hechas para el bien del usuario compita en igualdad de condiciones con gigantes multinacionales que no tienen regulación ninguna. Y lo único que pedimos es eso, que las VTC sean reguladas.
  Y claro, cuando pedimos regulación y conseguimos algo, ocurre como en Barcelona que acto seguido anuncian que se irán. ¿Es culpa nuestra que vayan a despedir a sus trabajadores simplemente porque no están dispuestos a cumplir una regulación que cualquier bar, cafetería, quiosco, estanco, farmacia, autobús urbano, autobús interurbano, médico, abogado o cualquier otra profesión tiene que cumplir dentro de su sector? No, simplemente, si no les conviene la regulación chapan el negocio y adiós muy buenas. En el futuro cabemos todos pero si nadie me controla.
  Y la última gran idea es recomprar las licencias de los taxistas para así no tener ningún problema. ¿Eso no es crear un monopolio? Licencias que al igual que el traspaso de la licencia de un bar se compraron de forma legal y pagando sus impuestos y después de haberlas explotado durante 30 o 40 años por el anterior dueño a veces se traspasan por menos de lo que costaron. Y nos dicen que eso es especulación. Especulación es que te den por 36 € una autorización VTC y a la semana la vendes por 50. 000 en milanuncios. Abre Google, solo tienes que comprobar lo que te digo.
  Me da pena pensar que mis palabras no sirven para abrirte la conciencia. Me da pena pensar que el taxi terminará desapareciendo. Supongo que saldré adelante y con mucho esfuerzo trabajaré para seguir pagando el crédito de algo que ya no es mío, pero cuando una señora quiera ir al médico o alguien salga del hospital de madrugada y dé la puñetera casualidad de que esa noche es San Juan y ellos apliquen la alta demanda y ese viaje cueste un dineral... Me dará mucha pena lo que todos habremos perdido.
  Porque esto no sólo va de taxis. Busca un poco más en internet: como te he dicho, Uber ya está probando Uber Works, que es una división de su aplicación destinada a contratar bajo demanda a camareros, azafatas, y otros profesionales por horas. Es la desaparición de los derechos laborales amparados en supuestas revoluciones tecnológicas. Es la uberizacion de la economía. Que no te engañen, ésto no solo vá de taxis. Parafraseando el poema de Bertolt Brecht, primero fueron a por unos y no hice nada, después fueron a por otros y no hice nada y cuando fueron a por mí, ya no había nadie para defenderme.

domingo, 27 de enero de 2019

Pedagogia del taxi

Explicar la problemática del taxi en estos momentos no es tarea fácil cuando muchos mensajes que le llegan a la ciudadanía están cargados de intereses, pero se trata de una labor necesaria para un sector cuya imagen viene lastrada por años de tópicos y de mala fama.


El taxi es un servicio público, y como tal ha sido reconocido recientemente por el Tribunal Supremo. Existe en nuestras ciudades desde hace mucho y proporciona trabajo y sustento a más de 100.000 familias de forma directa y a muchas más de forma indirecta, si tenemos en cuenta todos los sectores que le dan servicio. El taxi no está en contra de la competencia: somos, para empezar, autónomos, y como tales, cada uno es una empresa que compite contra las demás, pero además existen en nuestras ciudades muchas otras formas de transporte público y privado con las que el taxi ha convivido sin ningún tipo de problema desde hace décadas.

La situación actual en la que se encuentra el sector no viene dada por tanto por una supuesta falta de renovación, dado que el taxi utiliza gestores de flota desde hace mucho tiempo y aplicaciones para darle servicio al cliente que ya empiezan a ser conocidas por el público. También es un tópico achacarle la antigüedad de los coches o la falta de preparación de sus conductores cuando éstos últimos son buenos conocedores de la ciudad y han tenido que pasar exámenes preparatorios por parte de los municipios en los que trabajan; la flota del taxi, a nivel nacional es la que más cantidad de coches híbridos tiene frente a otras empresas que hablan de modernidad pero el 95% de sus vehículos son diesel. El problema actual es mucho más sencillo que todo eso: las licencias que habilitan al taxi se rigen municipalmente y suponen una carga de normativas que afectan a descansos, horarios, impuestos y muchos más aspectos, mientras que las tan ahora conocidas autorizaciones VTC son otorgadas por las comunidades autónomas por delegación del Gobierno y su régimen fiscal y normativo es mucho menos controlador.

Hasta ahora los coches que funcionaban con autorización VTC y los taxis habían convivido sin problema dado que su área de trabajo y su clientela eran diferentes pero aprovechándose de los vacíos legales que han dejado los últimos cambios de legislación sobre el transporte terrestre, una serie de empresas multinacionales por todos conocidas están utilizando la autorización VTC para efectuar transportes urbanos muy similares a los del taxi con la diferencia de no estar tan regulados como éste. Eso es lo que entendemos como competencia desleal. Si esa competencia incumple las normas de cantidad que el Tribunal Supremo ha dictaminado que son justas, si pueden moverse por todo el territorio nacional dependiendo de dónde esté el trabajo mientras que tú solo puedes cargar en tu pueblo o ciudad, si no está regulado que seguro deben tener, bajo que condiciones deben trabajar o captar clientes y pagan sus impuestos con notables ventajas en paraísos fiscales, esa supuesta competencia sólo servirá para que un servicio público desaparezca y entonces sólo quedarán estas empresas privadas, cuando sea un verdadero monopolio, aumentan sus precios hasta la exageración cuando más necesidad tenga la gente de moverse. Todo lo demás que pueda decirse sobre el tema es caer en tópicos caducos: ¿mercado negro de licencias? Un taxista, como cualquier bar o negocio traspasado lo hace según valor de mercado al cabo de 30 años de trabajo y pagando impuestos por esa compra venta privada. Especulación no es, por tanto, mientras que autorizaciones VTCs expedidas a 36 euros hace tres días son vendidas en portales de Internet a más de 60.000 al día siguiente. Eso sí lo es. El taxi tiene ahora mismo una flota joven de conductores, sobradamente preparados, dado que muchos de ellos terminaron en este trabajo durante la crisis viniendo de otros sectores. Paga sus impuestos en España, sin trampa ni cartón, según lo que establece la Ley, y ningún taxista es más rico que un tendero o cualquier otro autónomo. Todo el que tiene que presentar su IRPF en Enero sabrá a qué me refiero. Lo que no tenemos es la cantidad de dinero para marketing que nuestra nueva competencia tiene. Y eso hace mucho. Quizás si su modelo de negocio no se basara en artimañas fiscales y falta de regulación, podrían hacer menos campañas mediáticas.

Solo pedimos eso: una regulación justa, amparada en una sentencia del supremo que valida nuestra utilidad y la necesidad de reglamentar la actividad de estas multinacionales. Y lo hacemos de la forma que cualquier colectivo tiene para hacerlo: la manifestación, la protesta. No somos diferentes a los sanitarios, los estibadores, los abuelos que reclaman pensiones justas, los bomberos, las limpiadoras de piso, o cualquier otro colectivo que ha visto en estos años como tenía que seguir cargando sobre sus espaldas el peso de la contribución al estado de bienestar mientras empresas voraces privatizaban cualquier sector para a continuación explotar a los trabajadores de esas nuevas formas de 'economía', que son las mismas de siempre, enriqueciendo a unos pocos a costa de los demás, pero disfrazadas de amabilidad, de chaqueta, corbata, y botelln de agua.

Regulación justa. Sólo pedimos eso. Y no parece mucho, pero lo es todo. Y después, que el cliente elija. Pero en igualdad.